
Fui querida, amada y disfrutada ...
y absurda y torpemente
malherida.
Del placer terrenal
a la agonía
en un fino hilo
que suspira.
Violentada en los sueños
y los días.
Con la sonrisa
discutida en los labios,
y en los ojos
casi mil lágrimas perdidas.
En una sombra del viento
aparecida.
Casi en un vuelo
tiñendo despedidas.
Y en otro vuelo
tejiendo abiertamente
locuras desmedidas.
La voz de la penumbra
reducida.
La pulcritud del ruido
obedecido.
El soliloquio
del ánima escondida,
entre herida y herida
que se tapa,
por quererse querer...
y ser querida.