que hacen que creamos ser felices.
Y todo lo aceptamos
con tal de que ese sueño sea cierto.
Huimos de recuerdos del pasado,
que nos hicieron daño.
Miramos hacia alante
viviendo sin vivir,
en cuentos que no llegan.
Reunimos la fuerza
para escribirnos prestos
en alguna memoria,
y después de algún tiempo
casi sin darnos cuenta,
todo queda olvidado.
No hay felicidad sino mentiras.
Las que nos cuentan otros,
las que también
nosotros nos contamos,
y las que nos esperan
al volver las esquinas
de esta vida que espera,
que creamos en ella
para no derrumbarnos.
No hay felicidad sino ratos,
donde con pasos débiles
con ella tropezamos.






