miércoles, 20 de julio de 2016

Caballero truncado




    Caballero truncado 
(Entremés corto...)
    (y con guasa)


 
Caballero:
Mandome preso el alguacil por varios días,por andarme en líos de borrachos, mientras las huestes del Señor Conde se llegaban.
Desde prisión vi avanzar los caballos y detrás el carruaje, de donde se apeó la dama mía.
 Yo la vi a ella… a ella.  ¡Un ángel que del cielo bajaba y hacia la fría reja de mi cárcel sonreía!
Furtiva su mirada se cruzó con la mía y volvió a sonreir, mientras sus ojos me decían:
¿Quién sois, qué sólo con miraros de vuestra señoría soy cautiva?
He de salir de aquí, por más que sea un momento, gritaré por los barrotes, que se harten de mi estancia jajajaja...
¡Alguacil, suelta a este preso que se estalla el pecho de locura, que necesito beber del agua pura...!
Alguacil:
- ¿Agua tú, qué sólo el vino conoces? Caballero ¡venga ya, cállate y mentente preso!
Caballero:
Cabrón el alguacil, lo digo en alto, que él también peleó bien de borracho y no se mandó preso, ni a despacho.
A Dios pongo por testigo, que hoy, a día de castigo, procesaré mi pecado con el sudor de mi frente y el pulso de mi latido.
De rojo en sangre los labios, de blanco el alma tan pálida, que hasta el fraile en la abadía, creyose que era un fantasma. Perdón pedí y no lo encuentro. Me voy muriendo sin ella. No hay en mi cuerpo ya lágrima. De caballero divino que el grial tomó en sus manos me he quedado en peregrino de sus ojos estrellados.
Alguacil:
- ¡Caballero, levántate de tu catre y salte ya de la prisión, que con todos los festejos, habrá que encerrar a otros y vos, puede que estéis algo loco, pero borracho ya no!
Caballero:
¡Libre! Libre para acercarme a sus ojos, y a ese encanto misterioso donde se pierde mi mente.
Ya cae el Sol, ya a tu cancela me acerco, mas... faltan luces de candiles que ayuden a mis requiebros por tu galana figura, por tus ojos como el cielo, por... ¿chirridos oigo?, la Brígida, (astuta y avinagrada) me chista desde el portón, pues su señora quiere verme en los suyos aposentos... ¡Pardiez, no es melindrosa la dama, por la que tiembla mi cuerpo!
El alba asoma, a la taberna voy presto a ver que escucho escondido...
¡Dios me valga, preso de nuevo! El Conde lo ha firmado, para que no le arrancara una por una las piedras de la ermita, y por ende no se cumpla el casamiento.
Ella se casa... se casssa... pero ¿si se hubiera arrepentido en el último momento? No se oye algarabía, ni jolgorio, ni campanadas al vuelo que digan que ya está perdida.
¡Si fuera cierto! ¿Silencio? Sí, más silencio.
¡Espera! ¿Qué oigo...? parece que ya hay rumores en la calle... ¡sí! ya se escucha la gente que se agita, de la ermita va llegando la comitiva maldita.Tambores y tañidos que a gloria ya están tocando. ¡Ya está casada, mi dama! ¡Y por Dios qué la maldigo, pues fue mía, toda la noche de ayer! ¿Cómo puede desposarse, sin un rubor tan siquiera? Mía entre sábanas blancas, que arroparon su regazo.
¡Puta!... No, puta no ¡que yo la adoro, a pesar de sus desprecios!
Astucia y envidia vana de la bruja de la Brígida, que la guía en su inocencia. Claro que... esa noche entre sus brazos, no pareciome inocente en los asuntos de cama... ¿y si acaso sólo soy un puro entretenimeinto, mientras ella bien se casa con el Conde, y sus tesoros y lujos, medrando así en las escalas sociales, de este bruto e injusto mundo? ¡Aggg... qué me llevan los diablos, a fé mia! (Para si mismo, se dice:  No te impacientes antes de contar un ciento. No maldigas, no te enojes, no vuelvas al insolente que te marchitó la cara y te perdió en los tormentos)
Mi vida rota ha quedado, me siento como un mendigo. Preso vil de mis delirios y prefiero serme preso de por vida si ya no he de tenerte. Culpa, culpa, mea culpa, un caballero truncado pidiendo pena de cárcel por ser el abandonado. Se ha casado bendecida por el fraile que a mi me escuchó el pecado.
¡No es el dolor quien más hiere, tan profundo y tan marcado, es la ira! Furia que estaba escondida entre esperanzas furtivas que hoy a las 12 acabaron, y empiezo hoy nuevamente a procesar mi pecado adentro de aquesta reja.
Alguacil, haced de samaritano. Un chusco e pan y una jarrica de  vino, para dominar mis ansias, que aquí se acaba mi vida, si ya a mi dama he perdido.

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